LOS ORÁCULOS DE LA ANTIGÜEDAD

 

En el mundo antiguo se llamaba oráculo al mensaje divino transmitido por las sacerdotisas, y también al templo o recinto donde tenía lugar la ceremonia de comunicación con los dioses.

Cada ORÁCULO estaba dedicado a una determinada deidad, pero no todos los templos tenían la virtud de ser consagrados como oráculos.

Entre los más célebres se encontraba el de Apolo en Delfos, junto al monte Parnaso, cuya adivina o pitonisa fue consultada tanto por héroes mitológicos como por gobernantes y guerreros históricos. En su recinto se encontraba la fuente Castalia, que emitía vapores subterráneos que los griegos consideraban emanaciones del espíritu del dios.

FUENTE DE CASTALIA

Otros oráculos objeto de peregrinaciones eran los de Zeus-Amón, en un oasis de Libia; o el de Anfiarao, cerca de Tebas. Todos ellos tenían carácter sagrado y estaban al cuidado de sacerdotes, encargados de interpretar los mensajes un tanto enigmáticos que enviaba el dios consultado.

LAS PITONISAS

La opinión de los dioses se invocaba por intermedio de una adivina o profetisa que recibía el respetado título de pitonisa.

Se trataba generalmente de mujeres maduras, “dotadas” dotadas de una sensibilidad catártica semejante a la de una médium espiritista, que les permitía recibir las vibraciones divinas del Olimpo.

Era frecuente que por su rango vistiera túnica de doncella, aunque la virginidad no fue una condición imprescindible para ejercer como pitonisa.

LAS CEREMONIAS

Los métodos de adivinación eran diversos, según las épocas y religiones. Algunas profetisas se limitaban a operaciones muy simples, como echar la suerte con piedras a la manera de dados o interpretar el moho en las hojas de un árbol.

Pero las cualidades de las grandes pitonisas se lucían en ceremonias más complicadas, donde ellas planteaban preguntas al dios y, tras una serie de gestos, gritos y convulsiones, pronunciaban de propia voz la respuesta. Esta solía ser ininteligible, por lo que al sumo sacerdote la traducía al lenguaje de los mortales, y a veces un poeta la vertía en versos.

Aun así esos oráculos escritos que circulaban profusamente, mantenía un significado bastante ambiguo y oscuro.

EL TRANCE DE LOS DELFOS

 

En el ORÁCULO DE  DELFOS la pitonisa y sus vestales bebían agua del manantial sagrado de Casotis, antes de entrar en el templo, en cuyo interior continuaban la purificación bañándose en la fuente Castalia.

TEMPLO DE APOLO, EN DELFOS (GRECIA)

Encima había una roca hendida en la que se apoyaba un trípode de oro.

La profetisa ocupaba ese asiento, envuelta en los vapores que emanaban del agua, y entraba en un trance a menudo frenético, del que salía al pronunciar las confusas palabras del oráculo.

EL MES DE APOLO

Las consultas al oráculo tenían lugar durante el mes de Apolo, y las ceremonias más importantes se oficiaban el séptimo día, que es la fecha de nacimiento del dios y el solsticio de verano.

En un comienzo los oráculos cerraban sus puertas durante el invierno, ya que en esa estación Apolo se asentaba para visitar a los hiperbóreos o semidioses septentrionales.

Más tarde se permitió durante esos tres meses dedicar el templo a Dionisos.

PITONISAS Y SIBILAS

En la antigua Grecia había dos tipos de adivinas:

LAS PITONISAS:

Eran profetisas que emitían y se ocupaban de los oráculos, en nombre del Dios Apolo. Los sacerdotes del templo se ocupaban de descifrar e interpretar esos enigmáticos mensajes.

Las pitonisas, que se ocupaban de los oráculos, y las sibilas, que tenían mayor libertad de acción. Pues no estaban estrictamente ligadas a los templos.

SIBILAS:

Tenían mayor libertad de acción, pues no estaban estrictamente ligadas a los templos.

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